El chubasquero amarillo

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Resultado de imagen de chubasquero amarillo corte inglesEl otro día estaba lloviendo, y por eso decidí ponerme mi un chubasquero amarillo tipo pescador muy bonito que me compré la temporada anterior.  Iba de camino a un lugar y cometí el error de cruzar por un parque en el que suelen estar algunos adolescentes al atardecer porque creía que en ese momento no estarían debido a la lluvia. Pero había un par de ellos cobijados bajo el tejado de una fachada de un local, cuando los vi ya había pasado por enfrente de ellos y seguí mi camino. Unos 30 segundos después escuché a la chica gritar “¡se parece al gato con botas!” y se rieron los dos.

Al escuchar esto no supe que reacción tener. Me pasaron muchas cosas por la cabeza (nada que ver con el gato con botas, se hubiesen inventado algo mejor, pero los excuso por su falta de tiempo y de neuronas), me sentía agredida: ¿Debería devolverme y decirles un par de cosas? ¿Y que resolvería con eso?  Me imaginé incluso teniendo una pelea con ellos. Al final decidí seguir mi camino, no sin darle vueltas a cuál debió ser mi reacción a ese ataque. Pensé sobre todo en aquellos que día a día se tienen que enfrentar a momentos como estos. Pensé que quizás gracias a reacciones como las mías se mantienen esos pequeños acosadores haciendo lo que suelen hacer. Se atreven a decirlo y hacerlo porque saben que los demás no tendremos el suficiente impulso o la reacción instantánea de enfrentarlos. También se escudan en la soledad y en la oscuridad que les ampara el no enfrentamiento.

A muchos les parecerá una trivialidad y ni siquiera verán ataque, pero imaginen que no es solo una vez, que es todos los días y por cualquier tontería como tener el pelo rizo, que por cierto también me han atacado en algún momento. Tener que evitar usar cierto atuendo o estilismo solo para no llamar la atención y no ser el “amarillo” fácil de estos cobardes.

Cada vez que veo un grupo de chicos de esta calaña los evito si me es posible, pero ¿crees que deberíamos permitir que ellos campen a sus anchas mientras que los demás solo podemos limitarnos a evadirlos e ignorarlos? Me crea mucha frustración esta situación porque a veces no aplicamos nuestros propios consejos de ser valientes y hacerles frente para así de alguna manera se den cuenta de que hay algunos que estamos dispuestos a ponerlos en su sitio.

Por eso a veces me gustaría ser un poco menos pacifista y ser más guerrera porque, lamentablemente, la única manera de ganar una guerra es peleándola y si dejamos que jóvenes de este tipo siguán ganando terreno será difícil que ganemos nada.

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Hasta el moño

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Estoy un poco, bastante, harta de tener que defenderme de una situación en que la mujer ha sido menguada desde tiempos remotos, hasta el punto que ya no le quede nada de seguridad en su valor y en sus capacidades. De tener que explicar por qué la mujer no es capaz de exigir un sueldo digno, de que tenga que protegerse de agresiones cubriendo su cuerpo pudorosamente para librarse de acoso, de que actué como un hombre cuando tiene un puesto de relevancia, de que no sea capaz de elegir a otra mujer para que la represente, que la mujer solo se ha igualado al hombre en lo malo, etc., etc., etc.

Una persona que no recibe desde la niñez los estímulos para su desarrollo psico-social es imposible que los obtenga de la nada en la edad adulta. Lo mismo ha pasado con la mujer. Años y años de prohibiciones, limitaciones, negaciones, vejaciones, exclusión, no puede cambiar de la noche a la mañana.

Muchas personas que han pasado larga temporada en prisión muchas veces delinquen para regresar a lo que ya ven como su zona de confort, la prisión. Muchas víctimas de secuestro también se han casado con sus victimarios. Son casos que explican perfectamente el proceso de desintoxicación y renovación que debemos sufrir las mujeres para librarnos de este estigma que, lejos de erradicarse, parece que es inextinguible.

Los hombres solo pueden culparnos de nuestros “inconveniente” porque nosotras somos las que lo hemos “permitido”. Y estoy un poco hasta el moño de que se siga culpando a la víctima y no a quien nos ha limitado todos estos años.

Esta generación, incluso las pasadas, no tiene la culpa de que la mentalidad machista se haya instaurado como la norma durante milenios. Y es una situación que no cambiará de manera súbita, se necesita un proceso de recapacitar en todas las oportunidades que tenemos de superarnos y salir de nuestra prisión y nuestro rapto psico-social. Y es un proceso personal que debe extenderse a lo general.

Yo jamás le pediría a mis alumnas de yoga que me imitasen en las posturas difíciles que realizo simplemente porque yo tengo años de experiencia y ellas todavía tienen mucho camino por recorrer, mucho por crecer y mucho por fortalecer. Algunas podrán intentarlo exitosamente, ; pero la mayoría corre el riesgo de romperse el cuello en el intento.  Muchos hombres, y hasta mujeres; lejos de ayudarlas a crecer en sus puestos de trabajo y/o cargos, les ponen las zancadillas y luego se burlan de su incapacidad para cumplir con su propósito.

La sociedad no cambiará hasta que seamos capaces de echarnos una mano para salir de este bache milenario que parece no tener final, poniendo a un lado los reproches, los super requisitos y la falta de empatía.

 

 

 

Toma lo mejor…

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Estos días, gracias a los juegos olímpicos las redes sociales se han llenado de publicaciones  exaltando la fuerza de voluntad de una gran cantidad de jugadores. Entre ellos Michael Phelps, quien además de sufrir hiperactividad, fue acosado por tener los brazos mas largos de lo normal. Su maestra le dijo que no llegaría a nada. Pero ahí está, con 23 medallas olímpicas de oro acumuladas, luego de decidir meterse al agua a evadirse de todo lo que le rondaba.

Así mismo puedo mencionar el caso de Shakira, quien es una cantante reconocida a nivel mundial luego de que su maestro de coro le dijera que no sabía cantar. Y la lista es bastante larga. Si lo pensamos bien, todos en algún momento hemos tenido algún comentario parecido.

Pero yo me pregunto… ¿Qué hubiese sido de estas personas de no haber sabido encausar esas negativas de personas que se supone deben estar ahí para darles todo su apoyo?

Una verdad a tiempo quizás pueda ser un punto de inflexión para que podamos dar el salto que necesitamos. Quizas no necesitamos oír que no vamos a ser buenos en algo, pero menos necesitamos que se nos engañe y se nos consienta con tal de no herir nuestros sentimientos, porque eso también podría tener un efecto negativo.f3107c7911141734e4eeaad24ed6c748_l

 

Los que no quieren ser vencidos por la verdad, son vencidos por el error.  San Agustín (354-430) Obispo y filósofo.

Estos son solo dos ejemplos de personas que se han superado gracias a un comentario desastroso, pero a sus espaldas quedan esos maestros tiranizados por haber sido, quizás en un momento de desesperación, un poco más sinceros de lo que debían.

Todos podríamos tener excusas para hacer cosas malas, para abandonarnos a la desgracia, pero sin embargo la mayoría decidimos tomar lo mejor de la vida y transformarla por nuestro bien y por el de los que nos rodean. Somos responsables de nuestras decisiones y los demás pueden tener gran influencia en nuestro comportamiento y en nuestras acciones, pero solo nosotros tenemos el poder de decir cual será nuestro camino a seguir o cual no.

Idealizar tambien es estereotipar

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CIMG0073Como mujer nunca he querido ser ejemplo de nada porque eso supondría dejar de hacer las cosas que quiero hacer para ser lo que se supone debo ser.

Desde niñas se nos dice cómo debemos actuar, debemos ser ejemplo de buenos modales y decencia, cohibiéndonos de hacer travesuras, de curiosear; en fin, de crecer.

Para que la mujer viva en igualdad de condiciones primero se debe dejar de idealizar. Que nos idealicen nos pone un peso de la responsabilidad en la espalda que nos impide desarrollar de una manera íntegra todas nuestras capacidades y posibilidades.

Idealizarnos supone estereotiparnos. No todas las mujeres son empáticas, amables y cariñosas; y reconocer esto nos da aún más méritos porque significa que somos buenas no porque somos mujeres y está en nuestra naturaleza, sino porque lo hemos elegido.

Todos los extremos hacen daños y no debemos ponernos ahora una venda en los ojos y ver virtudes incluso dónde no las hay porque el bumerán se devolverá y nos dará en la cara.

Pedimos igualdad de condiciones, no que nos reconozcan méritos que no tenemos, de manera individual o como colectivo. Por qué si exaltamos las cualidades que tienen los hombres es casi perjurio, pero si lo hacen con las mujeres tiene un efecto instantáneo de aprobación. ¿Eso no es un trato de favor?

Personalmente no pido caridad, solo pido igualdad, y me choca que en público se nos alabe y en privado se nos descalifique y se reproche nuestras decisiones y nuestras actitudes solo porque no responden a lo que se supone debemos ser.

Tricolomanía

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Una vez hicieron a una chica quitarse el pañuelo en un acto en el Aula Magna de mi universidad . Nunca entendí como en un país tan caluroso, como República Dominicana, esa chica pudiese andar cubriéndose así la cabeza. Cuando la hicieron descubrirse la cabeza comprendí la razón, pero aún seguía sin conocer su problema hasta hace un par de años. Tenía tricolomanía, un trastorno que consiste en arrancarse el pelo, razón por la cual la chica tenía la cabeza llena de zonas calvas. Por sus reacciones entiendo que ella se sintió vejada y yo también me sentí agredida por la insistencia del encargado de la organización del aula. Tenía fuerte deseo de apoyarla y protestar, pero como ella simplemente accedió a quitárselo, después de un par de minutos de pensárselo, ya no valdría la pena echarle leña al fuego.

Seguramente muchas chicas se sentirán solas e incomprendidas porque la gente piensa “¿Por qué no deja simplemente de arrancárselo?” como si esa fuese una acción voluntaria. Yo me como las uñas (onicofagía) desde que tengo uso de razón, y hasta ahora no he podido superar este impulso.Ahora soy más consiente de las cosas que provocan este acción, pero aun así es difícil de evitarlo. Yo no oculto que me como las uñas, aunque sí lo he tenido que hacer en entrevistas de trabajo por ejemplo, pero las personas que se arranca el pelo, no importa la parte del cuerpo, por lo regular sienten vergüenza y reticencia a contarlo por miedo a ser juzgados.

Mi recomendación es que no se aíslen y que compartan sus sentimientos con referencia a este transtorno, ya sea con ayuda profesional o con otras personas que estén superando esta situación. @TengoTrico es un espacio que inició Anni (México), porque no encontraba nada en español que explicara lo que le pasaba: “Después de saber que lo que padecía tenía nombre, quise contactar con otros como yo. Se me ocurrió crear una cuenta donde pudiera conocer más personas con este trastorno, poder ayudarnos entre todos y desahogarme, ya que en ese tiempo nadie sabía que tenía trico“. Cuenta en el diario digital El Mundo.

Del 1 al 7 del mes de octubre se celebra la Semana Internacional para la Concienciación de la Tricotilomanía y Dermatilomanía, por lo que quiero brindar mi apoyo a todos los que padecen algún trastorno obsesivo-compulsivo.

Beatriz (España) cuenta que a lo largo de sus 22 años con la tricotilomanía ha recibido diferentes tratamientos y ninguno ha conseguido curarla. Sin embargo, desde que entró en contacto con el grupo de apoyo no ha vuelto a quitarse el pelo. “El grupo me aporta tranquilidad y seguridad, ya que jamás había podido hablar con nadie que me entendiera. Poder contárselo a las chicas es una pasada porque ellas sí me comprenden y no me juzgan”. Cuenta a El Mundo.

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Arrancarse el pelo, un trastorno tan común como desconocido

El ermitaño

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Se dice de un viejo anacoreta o ermitaño, una persona que por amar a Dios se refugia en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia. Se quejaba muchas veces de que tenía demasiado que hacer.

Foto de: Carmelo Urso

La gente no entendía como era posible que tuviera tanto trabajo en su retiro.  Alo que contestó: “tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león”. 

No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives.  ¿Dónde estas esos animales?

Entonces el ermitaño dio una explicación que todos aprendieron.

“estos animales los llevamos dentro”.

Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.  Tengo que entrenarlos para que solo se lancen sobre presas buenas.   Son mis ojos.

Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.  Tengo que entrenarlas para que solo se pongan al servicio y ayuden sin herir.  Son mis manos.

Los conejos quieren ir a donde les plazca, huir de situaciones difíciles.  Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya u sufrimiento, u  problema o alguna cosa que no me guste.   Son mis pies.

Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra en una jaula de 32 varillas.  Siempre esta lista para morder y envenenar apenas abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño.   Es mi lengua.

El burro es un obstinado, no quiere cumplir con su deber.  Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día.  Es mi cuerpo.

Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, vanidoso y orgulloso.   Ese… es mi corazón.

Autor desconocido

¿Tener o no tener? Ese es el dilema.

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Foto: Minorías Creativas

Una de las grandes preguntas de estos tiempos que se suelen hacer las parejas es sobre si tener hijos o no. A medida que se acercan los “ta” (treinta, cuarenta…) empiezan las lluvias de preguntas sobre la razón por la que no los tienes. Siempre he exprimido al máximo todas mis etapas de vida y he tratado de que nadie interfiriera en mi manera de ser ni en mis decisiones; y es por eso que nunca he dejado que nadie me presione en la etapa de tener novios, ni en la época en que se suponía ya debía estar casada y mucho menos ahora en el momento en que se supone también debo tener hijos.

Es demasiado con lo que las mujeres tenemos que cargar como para que también se nos tenga que presionar sobre una decisión tan importante de traer a un ser a este plano que, en vez de restar, sume a esta sociedad cada vez más corrupta, extremista y poco tolerante.

A estas razones se suma la cuestión de que tengo 6 años sin trabajar y sin vislumbrar ninguna posibilidad en el horizonte. No me siento con la capacidad de hacerme la vista gorda e ignorar este hecho. Eso de “donde comen dos comen tres” como que no me lo trago. Creo más en “suficiente para dos e insuficiente para tres”.

Pienso también en un futuro triste sin hijos, como me lo han querido pintar todos aquellos que han tenido hijos aun sin poder; y me entra algo de temor, pero luego cambio el chip y me digo a mi misma que no seré una egoísta teniendo un hijo solo para que me haga compañía o alivie mi soledad. El tenerlos implicaría mucho miedo a pensar ¿qué pasará cuando yo no esté? Pregunta que se harán muchos padres en este momento. Podría darle las posibles herramientas para que sobreviva solo/a, pero ¿y si mis planes fallan y no tengo suficiente herramientas para darles o no sé como hacerlo? Son muchas preguntas que lamentablemente no tienen respuesta y es como echarlo todo a la suerte.

Claro que me imagino a una niña o a un niño parecido a mi y a su padre. Me imagino como tendrá los ojos, me pregunto si tendrá mi color o mi pelo, si será inteligente y buena persona. Según la forma de ser de sus padres sería posiblemente una persona muy integra, pero eso no significa que no sufrirá el acoso escolar, laboral o social. No lo puedo evitar, todos esos pensamientos siempre terminan nublándose por una nube de pesimismo.

Si me lo pienso mucho puede que pierda la oportunidad de traer al mundo un rayo de esperanza y que sea mi única razón de vivir, pero será mejor que tenga otras opciones para no tomar una decisión equivocada solo por no tener una vejez “amargada y oscura”. Y es por eso que he pensado en otras posibilidades, como viajar, a donde aún se pueda; estudiar, lo que pueda; y escribir un libro, como pueda. Estas actividades me servirían de entretenimiento mientras me llega la hora de abandonar este lugar de paso.

Los niños no son objetos para distraerte, alegrarte o mejorarte la vida, son seres que implican una gran responsabilidad y no podemos tenerlos por el simple hecho de complacer a terceros. Si los tenemos debemos desearlos profundamente y responsabilizarnos de darles una educación integral  y libre de prejuicios.