Comercio tradicional, comercio amigo

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Imagen: floresdeldesierto.es

Ayer estuve caminando por una de las arterias comerciales de Sevilla y es increíble la cantidad de tiendas que podemos encontrar, pero te puede pasar factura si pierdes la cabeza por un instante. Ofertas de todo tipo, ropas para todos los gustos y una gran cantidad de tiendas que en realidad pertenecen al mismo emporio.

Siempre he visto el consumismo como algo que debemos evitar a toda costa y por eso que siempre me pregunto qué tanto quiero o necesito eso que voy a comprar, para evitar comprar ropa que no me pondré y cosas que no usaré.

La economía necesita ahora más que nunca de personas que consuman, pero yo no puedo evitar preguntarme ¿Qué tanto repercute en nuestra economía comprar en ciertos centros comerciales o calles en las que los negocios pertenecen a una o dos multinacionales?

Es por eso que cada día trato de comprar en un entorno cercano al mio, como mi barrio, mi pueblo o localidades vecinas, en el que si sé quienes son los que están detrás del mostrador, tienen cara, tienen una realidad cercana a la mía, con los que socializamos fácilmente y que se adaptan a mis gustos y necesidades.

Otro punto positivo es que también se abastecen en zonas cercanas, por lo que sí repercute en mi bolsillo, dan trabajo a los vecinos, pagan impuestos verdaderamente allí donde están ubicados. Sin dejar de mencionar el hecho de que es más verde porque implica menos consumo de combustible.

Esas grandes arterias comerciales ahogan los pequeños negocios que han existido desde siempre, obligándolos a abandonar sus características típicas, y que por ende los hacen únicos, para poder estar a la altura de las exigencias que imponen los nuevos tiempos a una sociedad que cada día está más alienada y que cada abre más la brecha entre pobres y ricos.

No es buena señal que la mayoría de las empresas estén en manos extranjeras, por más prestigiosas que sean esas marcas. Se pierde la identidad, se pierden las propiedades, y se pierde igualdad en la competencia. Y para colmo, son los primeros que se van cuando la cosa se pone fea.

Siempre se debe tratar, sin ser tradicionalista, que los más beneficiados sean los propios vecinos. La inversión extranjera se necesita, pero no para sustituir la forma de vida ya existente y que no estaba mal. Esos negocios solo deben ser una opción a falta de que no lo consigas en lugares tradicionales, no que sea siempre la primera ni la única opción.

Esto le sirve, y se puede aplicar, a cualquier contexto geográfico, ya que parece que es una tendencia aceptar con los brazos abiertos todo lo que viene de fuera mientras que lo nuestro se va extinguiendo. Tenemos que ejercitar la capacidad de reflexionar, porque no podemos ir todos como ovejas al matadero, y actuar con más conciencia para que los ricos sean menos ricos y los pobres menos pobres.

Es una utopía el desear calles o centros comerciales en la que predominen los comercios tradicionales, con productos nacionales, y  con igualdad de condiciones, pero soñar no cuesta nada. El estado ya beneficia a estas grades multinacionales es por eso que nosotros, las personas comunes y corrientes, debemos buscar la manera de contrarrestar esas ventajas y ayudar  a crecer a los pequeños empresarios con una sencilla pero poderosa acción, consumir en nuestro barrio.

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