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El ermitaño

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Se dice de un viejo anacoreta o ermitaño, una persona que por amar a Dios se refugia en la soledad del desierto, del bosque o de las montañas para solamente dedicarse a la oración y a la penitencia. Se quejaba muchas veces de que tenía demasiado que hacer.

Foto de: Carmelo Urso

La gente no entendía como era posible que tuviera tanto trabajo en su retiro.  Alo que contestó: “tengo que domar a dos halcones, entrenar a dos águilas, mantener quietos a dos conejos, vigilar una serpiente, cargar un asno y someter a un león”. 

No vemos ningún animal cerca de la cueva donde vives.  ¿Dónde estas esos animales?

Entonces el ermitaño dio una explicación que todos aprendieron.

“estos animales los llevamos dentro”.

Los dos halcones, se lanzan sobre todo lo que se les presenta, bueno y malo.  Tengo que entrenarlos para que solo se lancen sobre presas buenas.   Son mis ojos.

Las dos águilas con sus garras hieren y destrozan.  Tengo que entrenarlas para que solo se pongan al servicio y ayuden sin herir.  Son mis manos.

Los conejos quieren ir a donde les plazca, huir de situaciones difíciles.  Tengo que enseñarles a estar quietos aunque haya u sufrimiento, u  problema o alguna cosa que no me guste.   Son mis pies.

Lo más difícil es vigilar la serpiente aunque se encuentra en una jaula de 32 varillas.  Siempre esta lista para morder y envenenar apenas abre la jaula, si no la vigilo de cerca, hace daño.   Es mi lengua.

El burro es un obstinado, no quiere cumplir con su deber.  Pretende estar cansado y no quiere llevar su carga de cada día.  Es mi cuerpo.

Finalmente necesito domar al león, quiere ser el rey, quiere ser siempre el primero, vanidoso y orgulloso.   Ese… es mi corazón.

Autor desconocido