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Acoso en las Escuelas. ¿Quién tiene la culpa?

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Imagen: Revista Digital el Recreo

Según un estudio realizado por el Instituto Dominicano de Investigación y Evaluación de la Calidad Educativa (IDIECE), 33.6 por ciento (de 2,391) estudiantes de escuelas publicas sufren acoso. El acoso es procedente de otros alumnos, profesores, directores y padres; y va desde un insulto hasta agresión física, según recoge Diario Libre en su gráfica.

El estudio presentado en el Quinto Congreso Internacional de IDIECE: “Prevalencia, tipología y causas de la violencia en los centros educativos de básica y media de la República Dominicana”, se realizó en 53 distritos, con alumnos desde cuarto de básica hasta tercero de media.

Según datos de los estudiantes entrevistados, la violencia entre los profesores y alumnos es un 20.08 por ciento en básica y un 27.3 por ciento en media, siendo los gritos e insultos lo más común. En cuanto a la violencia de parte del director a los estudiantes, reporta un 15 por ciento en básica y un 12 por ciento en media, aporta el Listin Diario.

Estos datos son preocupantes porque riñas han existido y existirán mientras se esté en sociedad, lo que preocupa es que estos casos sean de manera recurrente en las escuelas.

Muchas personas al escuchar o leer la palabra “acoso”, espontáneamente  visualizan un tocamiento o palabras inapropiadas, que intimidan sobre todo a las mujeres por su contenido sexual, de manera errónea. Como muestra el estudio este acoso se da de diferentes maneras no solo el sexual.  Ese mismo error lleva a pensar de manera poco acertada en varias posibilidades que no tienen por qué ser para nada un razón valida y es por eso que quiero aprovechar la ocasión para hacer un par de aclaraciones.

Son muchos los que se empeñan en que el acoso, en este caso sexual, es culpa de las niñas que van a las escuelas de una manera muy provocativa y que seducen a los demás alumnos y maestro, pero está claro que bajo ningún concepto se debe permitir que la mujer siga pagando los platos rotos de una sociedad tan machista.

El problema es que si esa fuese la verdadera razón por lo menos tendríamos una posible solución, pero no es así. Que pasa con las chicas y chicos que si visten de una manera cauta y procuran no hacerse notar solo para no ser  blanco de esos acosos,  que de todas maneras también sufren.

En las escuelas quienes ponen los limites son los maestros y directores, y ellos deben ser quienes velen y quienes propicien de una manera adecuada los valores morales y éticos, por lo menos dentro de la escuela. Son ellos quienes deben dirigir a sus estudiantes para que pongan de manifiesto todas sus capacidades y son ellos quienes deben procurar su integridad mientras estén bajo su custodia en hora de clases.

En República Dominicana, lejos de castigar a los victimarios, siempre se castiga a las victimas, por eso es que muchos no son capaces de denunciar los acosos, del tipo que sean, ya que serán vistos como los principales culpables de sus calamidades. Y como siempre, no quiero excluir a las mujeres de esta actitud machista ya que muchas de ellas son las primeras en opinar que otras niñas o adolescentes se procuran este mal trato.

No le podemos buscar excusas a lo mal hecho, las cabezas de la sociedad deben  estar por encima de todas esas aberraciones y ser ejemplo de integridad, porque de lo contrario no nos sentiremos seguros en ninguna parte y a ninguna hora, vistamos como vistamos, seamos como seamos.

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No se aísla al victimario sino a la victima

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Imagen: losojosdehipatia.com

La violencia de género solo es recordada los meses cercanos al “Día Internacional de la No Violencia de Género”, los demás días solo salen noticias de mujeres asesinadas a manos de sus parejas.   A alguien se le ha ocurrido que quizás una solución es que, más que cárcel u orden de alejamiento, estos victimarios lo que necesitan es un centro de aislamiento (nada que ver con la cárcel) en donde reciban todo el tratamiento psicológico que puedan necesitar, en vez de que sean las mujeres las que tengan que exiliarse y continuar viviendo con el miedo de un posible ataque.

Necesitarían por lo menos un año recluidos, o según el nivel de violencia alcanzado, mientras la victima de ese maltrato tome distancia y aprenda a vivir sin ese miedo constante a su agresor y a la vez también pueda tomar conciencia de que su situación no es normal. En ese centro de “desintoxicación” se podría reeducar a ese agresor con algunas clases como por ejemplo: cocina, se les enseñaría a planchar, a limpiar una casa, aprenderían otros oficios como agricultura, carpintería, etc. Estos cursos tendrían una doble misión; primero, que sean individuos libres de sus propios prejuicios y limitaciones; y segundo,  ayudaría a autofinanciar el centro. Las terapias serían el principal objetivo para que su reintegración en la sociedad y que logren interiorizar que  necesitan un cambio interior duradero y verdadero.

Siempre existe la posibilidad de que ese hombre recaiga pero al menos dará tiempo a su ex pareja a rehacer su vida y encontrar los medios necesarios para su supervivencia lejos de quien solo la maltrata, y por supuesto, se le ofrecerá toda la ayuda económica y psicológica posible para que también se reintegre a la sociedad como una persona autosuficiente y con conocimiento de como evitar futuras posibles relaciones tóxicas. Porque muchas mujeres tienen la tendencia a buscar relaciones con perfiles machistas confundiéndolo con virilidad.

Este planteamiento se me ocurre debido a que muchas de esas mujeres victimas de violencia de género creen una exageración que su pareja vaya a la cárcel cuando “no ha hecho nada”. Si, porque una mujer maltratada y luego “agasajada” nunca verá un maltrato como tal, siempre pensará que algo habrá tenido que ver su actitud, ya que él es un buen padre, un buen hijo, un buen amigo, un buen hermano y/o un buen trabajador.  Pero si sabe que no estará en la cárcel con otros “delincuentes comunes” quizás le permitiría sentir menos culpa al denunciarlo.  Muchos pensaran que es una tontería bastante grande la que digo, pero hasta ahora no he visto que se planteen otras opciones que no sea aislar a la mujer, llevado a cabo de manera infructífera porque la amenaza permanece vigente.

Por su puesto, la educación en igualdad desde las escuelas se debe tomar muy en serio, que no sea cosa de un mes o dos, es cuestión de que sea parte activa de la formación, haciendo énfasis en que nadie es mejor ni peor que nadie aunque seamos diferentes.

No depende de edades, situación social o cultural, la violencia de género nos afecta a todos. Ante el menor indicio llama al  900 200 999, Instituto Andaluz de la Mujer. Articulo relacionado: Violencia de género, un problema histórico.